Vallejo en Ibagué

Vallejo en Ibagué

César Vallejo inicia una nueva etapa en su vida profesional, ha sido nombrado rector de la Universidad de Ibagué. Se trata de un gran humanista y uno de los economistas colombianos que más tiempo ha dedicado al desarrollo regional.

Tengo la fortuna de conocerlo desde 1990 y de conocer el valioso ser humano que es. Nació en Pereira en 1942 y sí, a sus 76 años inicia un nuevo reto profesional. He escuchado los planes para su gestión en la rectoría, las ilusiones y sueños que tiene, como si fuera su primer cargo.

Valora las cosas que ha encontrado en la Universidad: el equipo humano, tanto profesores como personal administrativo, el compromiso con el desarrollo regional de la institución, la búsqueda de la acreditación institucional, la calidad de sus programas, la diversidad y espíritu de sus estudiantes. Sabe que hay retos inmensos, pero los mira con tranquilidad y optimismo.

Estudió filosofía en la Javeriana y realizó estudios de maestría en economía en los Andes y de Doctorado en Kiel, Alemania, pero siempre aclara que no los término, un ejemplo más de la tranquilidad y honestidad de alguien que no tienen porque presumir títulos no conseguidos. El que sí ostenta es el Doctorado en Ciencias Sociales del Cinde, de Manizales.

Ha sido Viceministro de Hacienda, Director de Planeación, Decano de Economía de la Javeriana, Director del Crece y Rector de la Universidad Autónoma de Manizales y miembro de la Junta Directiva del Banco de la República.

Ahora se mueve a una nueva ciudad, en un rol conocido, el de la academia, con un propósito: aportar al desarrollo regional del Tolima.

Siempre intenta encontrar lo mejor de las personas, por eso casi nunca se le escuchan comentarios descalificativos sobre nadie y la verdad aún no he conocido alguien que me hable mal de César Vallejo.

Si al llegar a un lugar encuentra equipos, los promueve y deja crecer los liderazgos naturales, y si no los hay los crea, los cuida e incentiva: Vallejo deja trabajar.

En el se ve muy bien la práctica de un principio “jesuita”, estar siempre con un pie levantado y dispuesto a emprender nuevos rumbos. En varias ocasiones ha dejado la comodidad de Bogotá y su vida en esta ciudad para ir a un lugar distinto. Hace unos años fue Manizales y ahora es en la capital del Tolima.

Para poder hacerlo ha contado con mucha fortuna, la más importante caminar en la vida una compañera de ruta que lo acolita y lo impulsa a tomar los riesgos, desarmar tres y cuatro veces la casa y reconocer que la tranquilidad de la vida está en ellos, donde quiera que la noche lo coja siempre y cuando estén juntos en su hogar.

Como es obvio, le tengo cariño, respeto y admiración, he tenido el honor de trabajar y aprender junto a él.

Ojalá la dirigencia de la ciudad encuentre la forma de aprovechar al máximo la presencia de uno de los humanistas más importantes que tiene hoy Colombia.

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