Un País con Rabia

Un País con Rabia

La situación ante la que estamos no es nada fácil. La sorpresa de los resultados del plebiscito, que como encuestador aún estoy tratando de entender, dejó al país en una situación donde las salidas no son fáciles de imaginar.
Por un lado, la mitad del país que participó de la elección manifestó su descontento con los acuerdos, de alguna forma su rabia con el tono triunfalista de la campaña del SÍ y con los resultados homogéneos de los encuestadores, señalando el triunfo holgado del apoyo a esa fórmula de negociación.
Desde el mismo domingo, quienes apoyaron el SÍ, entre quienes me cuento, pasaron muy rápidamente del desconcierto a la frustración y de allí a la rabia. El NO ganó y eso ha sido claramente reconocido, pero ello no implica que el país se calmó y el resultado marcó un rumbo de solución. Por el contrario, hoy, 10 días después seguimos sin saber el rumbo posible; veo manifestaciones, cada vez más recurrentes, de rabia y no de argumentos, y ello sucede de parte y parte.
Las salidas rápidas no siempre son posibles y muchas veces no son las mejores. Quienes participamos en discusiones públicas
y privadas sobre estos temas (al 60% de los colombianos parece no importarles mucho) debemos entender que no podemos pelear con la otra mitad del país. Debemos seguir con nuestras vidas y en la búsqueda de la construcción de un mejor país, para todos. Un paso importante es reconocer que muchas personas, del SÍ y del NO tienen rabia, pues consideran que el otro medio país está profunda y plenamente equivocado y está intentando imponer una solución o una salida sin contar con nosotros.
Un país con rabia, en una situación sin salida, es una mala fórmula para cualquier sociedad.

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